30 Marzo R. Podger & K. Bezuidenhout

Rachel Podger & Kristian Bezuidenhout.

Sonatas de Mozart y Beethoven

Jueves 30 de marzo de 2017 20.30 horas

Sonatas de Mozart y Beethoven

I PARTE

W.A. Mozart (1756-1792) Sonata para violín y piano en si bemol mayor KV 454

Largo – Allegro

Andante

Allegretto

Sonata para violín y piano en re mayor KV 306

Allegro con spirito

Andante cantabile

Allegretto II

W.A.Mozart Sonata para violín y piano en mi bemol mayor KV 302

Allegro

Andante grazioso

L.v. Beethoven (1770-1827) Sonata para violín y piano nº7 en do menor Op.30 nº2

Allegro con brio

Adagio cantabile

Scherzo: Allegro

Allegro

Rachel Podger, violín

Kristian Bezuidenhout, fortepianos [Paul McNulty (2012), copia de un Anton Walter & Sohn (c.1805) /Paul McNulty (2008), copia del opus 318 de Conrad Graf (c.1819)]

NOTAS

En la obra de Mozart se documenta el paso de las sonatas para teclado con obbligato de violín a la moderna sonata para violín y piano, en la que el equilibrio entre los dos instrumentos crea una especial trama sonora. Hay al menos 43 sonatas para violín y piano salidas de la mano de Mozart. Las dieciséis primeras, escritas todas antes de que el compositor cumpliera los diez años de edad, responden al tipo más primitivo, el de sonata para clave con violín acompañante. Son obras impresionantes si tenemos en cuento la edad de su autor, pero no trascienden el género. Otras seis sonatas, conocidas como milanesas, y que fueron editadas póstumamente, son de autoría aún discutida. Las veintiuna restantes pertenecen a la madurez del compositor, aunque algunas están incompletas. En ellas se encuentra de todos modos el paso definitivo a la sonata moderna. La KV 302 fue compuesta, junto a otras tres, en Mannheim en 1777 o principios de 1778. Es una obra escrita en sólo dos movimientos, una herencia del estilo de Johann Christian Bach, pero en ella el violín se expresa ya con absoluta independencia, trazando largas y curvilíneas frases melódicas. Se trata de una sonata muy teatral, plagada de contrastes expresivos que empiezan con los dos temas del Allegro inicial, brillante el primero y recorrido por líneas de oscura melancolía el segundo, y se agudizan con un rondó muy singular por al menos dos razones: primera, su tempo desacostumbradamente lento (Andante grazioso); segunda, el hecho de que las secciones intermedias sean en realidad variaciones del estribillo, al que visten con una delicada y apasionada ternura. Distinta es la KV 306, una obra escrita al final de la primavera de aquel mismo 1778, poco después de que el compositor llegara con su madre a París, y antes de la muerte de su progenitora después de una breve e inesperada enfermedad. Se trata de una pieza en tres movimientos, escrita en un brillantísimo estilo concertante, que exige un virtuosismo muy superior al de cualquier otra obra anterior en este mismo género. Los dos primeros movimientos son amplísimos: un Allegro con spirito de aire básicamente rítmico y un Andante cantabile de un melodismo amable y elegante, apuntado acaso por algunos toques de dramatismo. El final es más breve, un Allegretto chispeante, de colores en permanente cambio y que incluye cadencias para los dos instrumentos. En abril de 1784 la violinista virtuosa Regina Strinasacchi pasa por Viena con la intención de dar un concierto en la ciudad el 29 de ese mes. Mozart le escribe una sonata para tocarla junto a ella, pero el tiempo apremia tanto que el compositor no tiene tiempo de terminar la parte de piano, que toca de memoria (o improvisa) con su partitura sobre el piano en blanco. Así al menos se ha transmitido este episodio. Lo que significa que Mozart tuvo que terminar de escribir su obra después de tocarla. Es la KV 454, una sonata escrita en uno de los momentos de mayor celebridad y actividad del compositor en Viena, lo que justificaría las premuras de tiempo para terminar la obra. Se trata en cualquier caso de una pieza imponente, escrita en un brillante estilo concertante, ya que estaba prevista para ser presentada en un gran concierto y no en una sesión camerística. El Largo de arranque es mucho más que un preludio, con sus acentos vigorosos y sus frases tiernas. En el Allegro en forma sonata que se le encadena se aprecia ya ese extraordinario equilibrio entre los dos instrumentos del que se hablaba al principio. El centro expresivo de la obra recae en cualquier caso en el Andante central, en el que se suceden tres temas: el primero, presentado por los dos instrumentos, es de una melancolía un punto ensoñadora; el segundo, lo anuncia el violín con una impaciencia inquietante que llega a hacerse casi angustiosa; el tercero, en el piano, comienza con unos arpegios de arpa y deriva hacia una atmósfera de 3 calma serena. Sin duda, es uno de los momentos más impactantes de la música para violín y piano de Mozart. El Allegretto final es un rondó ligero y jovial, pero en absoluto banal: la escritura es delicadísima y la variedad de episodios muestra la capacidad de invención mozartiana en plenitud. En mayo de 1803 la Cámara de las Artes y de la Industria de Viena publicó una colección de tres sonatas para violín y piano de Beethoven. Las obras habían sido compuestas el año antes, justo antes del dramático verano en el que el compositor, angustiado por el avance imparable de la sordera, redacta su Testamento de Heiligenstadt en medio de obsesivas fantasías suicidas. Publicadas bajo el mismo número de opus (Op.30), la segunda de ellas, escrita en la muy beethoveniana tonalidad de do menor, es la más original de la serie, aunque no alcance el estatus revolucionario de las sonatas para piano solo escritas justo antes (Opp.26-28). En la obra asoman en cualquier caso con claridad esos perfiles que luego van a ser identificados con el estilo heroico del compositor. Beethoven sufre, pero se rebela ante ese dolor con una obra cargada de pathos y de rabia. El Allegro inicial se presenta tan comprimido que el compositor elude la reexposición y utiliza el mismo desarrollo como coda. El Adagio cantabile, en la bemol mayor, resulta en cambio extraordinariamente elaborado y desarrollado, configurándose como un gran lied en cinco episodios: el vuelo melódico resulta de una plasticidad y una nobleza que Beethoven contrasta con algunos bruscos cambios dinámicos, fortissimi que diríanse gestos de rabia. El Scherzo, en do mayor, es breve y ligero aunque no faltan en él toques de incisiva violencia. El trío, variación del tema principal, se resuelve en forma de canon. El Allegro final, de entraña rítmica y en estricta forma sonata, resulta oscuro y amenazador hasta que en la coda el grito de rebeldía de Beethoven vuelve a resonar con fuerza en anuncio de la heroica voluntad de victoria.