La primavera andaluza de Ocaña

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Desde el 15 de Junio, Sala Atín Aya

Entrada libre: de martes a sábado de 11h a 14h y 17h a 20h horas, domingos de 11h a 14h

‘La primavera andaluza de Ocaña’, una exposición antológica de la última época de José Pérez Ocaña, considerada por la crítica en general y por gran parte de su público como lo mejor de su pintura. El dramático suceso que acabó con la vida del pintor en 1983 truncó un momento lleno de vitalidad artística. Este 2017, celebramos el 70 aniversario de su nacimiento.

Nacido en Cantillana, José Pérez Ocaña, homosexual reconocido y orgulloso de serlo, abandonó en 1971 su localidad natal debido a la intolerancia y a la marginación, para trasladarse a Barcelona, la ciudad ideal para expresar su arte y sus transgresoras ideas. Se declaraba anarquista (históricas sus performances durante las Jornadas Libertarias Internacionales de CNT de 1977 en el Parque Güell). Allí vivió en la Plaza Real donde tenía un altar con una imagen de la  Virgen de la Asunción, cuya titular protagoniza una de las grandes fiestas de Cantillana (15 de agosto), llena de flores en el balcón, y conoció a artistas como Nazario y Copi. Vivió humildemente en una buhardilla barcelonesa, ejerciendo el oficio de pintor de brocha gorda para subsistir.

Aunque su arte era apreciado por muchos, Pérez Ocaña destacó por su forma de vivir, por expresarse libremente sin atender a las posibles consecuencias de un país todavía anquilosado en unos valores arcaicos y peligrosos. Era un personaje típico de las Ramblas, se travestía sin ningún tapujo a plena luz del día con una mezcla de andaluza y de religiosidad típica de su tierra y vivía rodeado de los que le querían y entendían. De original vida, Pérez Ocaña también encontró la muerte de la manera más sorprendente. Volvió a Cantillana, para celebrar unas fiestas de carnaval y reunirse con su familia. Allí, confeccionó y vistió un disfraz de sol, elaborado con papel, tela y bengalas, que, desafortunadamente, se quemó, produciéndole quemaduras mortales.El 18 de septiembre de 1983 Pérez Ocaña moriría en el hospital, una semana después de haber ardido su disfraz provocado por un vecino del pueblo.